Historia de Britannia

Cap. 2: La maldición de Merlín

La mañana era fría, pero todos los caballeros de la tabla redonda se hallaban a las puertas de la capilla tal y como les había ordenado Merlin. Todos, menos uno. Lamorak.
Tras casi una hora de tensa espera, en la que la mente de todos estaba puesta en los rumores de revuelta que empezaban a llegar de todas partes, la puerta de piedra de la capilla se abrió dejando ver en su interior a Merlin y tras él Excalibur, la espada mágica de Arturo que otorgaba a su portador el título de Emperador de Britannia. La espada estaba clavada de nuevo en la roca de la que, hacía ya muchos años, Arturo la había arrancado ganándose así la obediencia de todos, pues no había en Britannia noble ni señor que no rindiera pleitesía a aquel que portase la espada Excalibur, La forjada cuando el mundo era joven y aun no había diferencia entre hombres y bestias.

Merlin se adelantó y les habló a todos: "La espada es sabia, dijo, y sabe ya quién debe empuñarla y suceder a Arturo, pues fue forjada para dar vida a este reino y mantenerlo unido y en paz. Ella ve el interior de vuestros corazones con la misma claridad con que vosotros veis el Sol y el cielo y sabe quien será el más justo de los reyes. Pero la espada no fue creada para elegir gobernante, sino para hacerle gobernar. Excalibur fue en su día de Uther Pendragón y por derecho de sangre lo fue después de su hijo, nuestro amado Arturo. Muerto este sin heredero, vuestra es la labor de decidir quién la ceñirá en su cinto y con ella el destino de Britannia".

La intención de Merlin sólo estuvo clara en ese momento para los más perspicaces de entre los que allí se encontraban. ¿Por que no intentar todos los presentes arrancar la espada y tomar como rey a aquel a quien la sagrada hoja permitiera arrancar de su prisión de piedra?.

Merlin recordaba demasiado bien lo sucedido años atrás cuando Arturo, siendo casi un adolescente, arrancó a Excalibur de la roca, triunfando donde poderosos señores de la guerra habían fracasado. Ira, envidia, ridículo. Todo esto llenó el rostro de los que codiciaban Excalibur para sí, inflamando su corazón con despecho hacia el nuevo rey. Muchos y muy duros fueron los años de guerra que siguieron a aquel día, hasta el momento en el que todos y cada uno de los señores de Britannia juraron lealtad a Arturo el Unificador.

Aquello no debía repetirse. Merlin sabía que para que las cosas discurrieran de modo diferente, cuando la espada fuera arrancada de la roca sólo la lealtad al nuevo rey debía inundar el corazón de aquellos que participasen en la elección. Sin envidias, ni despecho ni deseos de rebeldía. Todos los caballeros, y con ellos todos sus seguidores, pues cada uno era señor de las tierras de donde provenía y cada uno lo hacía de un lugar distinto de Britannia, debían sentir que habían participado en la elección del emperador y que era su elegido el triunfador. Todos, sin ellos saberlo, debían elegir al mismo candidato , que sería aquel que dictasen sus corazones si elegían con justicia, y para ello se cuidó de dar instrucciones a los caballeros:

"Caballeros de la Tabla Redonda, cada uno portáis un anillo que os fue regalado por Arturo el día que entrasteis a formar parte de tan gloriosa coalición de hombres. Ese anillo os da derecho a que cada uno anuncie a su elegido para el trono de Britannia. Tan sólo una cosa os advierto -Merlin pronunciaba estas palabras despacio, como si de una amenaza se tratase- deberéis votar guiados únicamente por el amor que sentís al reino. Dejad de lado rencillas personales, olvidad la región que os vio nacer y no os dejéis influenciar por el dios al que adoréis. Votad únicamente al caballero que deberá reinar sobre Britannia entera, región por región y hombre por hombre, sea norteño o del sur, adore al cristo crucificado o al espíritu del roble. Hacedlo así o el mal que se abatirá sobre esta tierra será más terrible que la peor de las pestes y la mayor de las invasiones. Recordad lo que dije una vez a un joven Arturo el primer día de su reinado: una sola tierra, una sola espada, un solo rey".

Todos los caballeros guardaban silencio, reflexionando, cuando el estrépito de las puertas de la capilla al cerrarse les hicieron girarse para descubrir apoyado contra las mismas a Lamorak. El pelo revuelto, los ojos enrojecidos por el llanto y la armadura mal colocada, dejaban claro que el caballero había intentado ahogar en alcohol el dolor por la perdida de su amigo y señor. ¡PAGANO! -gritó- ¡El rey está muerto por tu culpa!.¡Tú le convenciste con tus artes del diablo para luchar contra el hijo de Morgana!.¡Todos saben que la odias por que te robó tu magia cuando era tu aprendiza!. ¡Adoras a los demonios y quisiste ver muerto a Arturo por su fe en nuestro señor! .¡Tú le mataste!.

Lamorak se acercaba lentamente hacia Merlin que permanecía en pie, más pendiente de la reacción del resto de los miembros de la tabla redonda que de la amenaza que representaba el enloquecido caballero, el cual, con la mirada llena de odio, desenvainaba su espada.

Algunos de los caballeros hicieron ademán de detener a Lamorak, pues para ellos el ser pagano no era una acusación contra nadie, sino una costumbre ancestral y la llegada a la isla del Dios Único, una simple interrupción en la historia de la isla.

Otros dudaron, agachando sus cabezas como si no quisieran oír a su enloquecido compañero, pues no sabían muy bien qué creer, si las palabras del anciano Merlin, que en el fondo siempre había sido poco más que un extraño brujo para todos menos para Arturo, o si dar la razón a su compañero de armas, pues de todos era sabido que nadie amó tanto al rey como él lo hizo.

Otros, sorprendentemente, le secundaron vociferando en contra de Merlin y de los caballeros que le defendían, gritando que Dios castigó a Arturo por poner Britannia en manos de los paganos.

En un parpadeo, la vieja capilla se había transformado en el escenario de una lucha entre los que habían sido más que compañeros y que ahora empezaban a mirarse unos a otros con odio por sus ideas enfrentadas, por rencillas entre pueblos del norte y del sur que ellos mismos creían muertas después de años de luchar mano con mano bajo las ordenes de Arturo.

La tristeza cubrió el rostro de Merlin en el poco tiempo que Lamorak tardó en recorrer el pasillo central de la capilla, espada en mano. "Míralos -pensó- Apenas acaba de morir el rey y su obra ya se derrumba. De aquí no surgirá un rey para Britannia".

Lamorak alcanzó entonces a Merlin.

"¡MUERE, DEMONIO! "-rugió el caballero.

El tiempo pareció congelarse cuando Lamorak alzó su espada y la descargó con furia contra el pecho de Merlin. Los gritos se silenciaron y la sorpresa y el miedo se plasmaron en los ojos de aquellos que habían dejado de pelear para contemplar la pavorosa escena. Sólo Merlin carecía de sorpresa en su mirada cuando Lamorak atravesó su torso de un mandoble, sin que este hiciera ademán de defenderse.

De repente, un pavoroso trueno y una cegadora explosión de luz cegaron los sentidos de los allí presentes. Donde antes estaba Merlin, ahora sólo quedaban unas simples volutas de humo. A través de los ventanales de la capilla un viento sobrenatural comenzó a soplar con tal fuerza que los caballeros no pudieron menos que arrodillarse, unos para no caer al suelo, otros para suplicar a sus dioses por sus vidas. Podían ver como el cielo ennegreció en unos instantes y las paredes de la capilla comenzaron a temblar violentamente mientras un terrible terremoto parecía sacudir toda la isla de Avalon. Gigantescos y refulgentes rayos golpeaban con furia sobre la tierra destruyendo edificios y campos y las aguas del lago comenzaron a agitarse como si se tratara de la peor de las galernas que pudiera verse en alta mar. Toda Avalon se estremecía como si la isla entera fuera a ser engullida por la tempestad.

"¡INSENSATOS!"- La voz de Merlin se escuchaba como un trueno, ensordeciendoles, pues parecía provenir de todos lados al mismo tiempo.

¿ESTOS SON LOS CABALLEROS QUE MANTENDRAN UNIDA BRITANNIA?.¿ESTOS SON LOS DEFENSORES DEL REINO?.¿ESTOS LOS ELECTORES DEL NUEVO REY?- La tremenda voz bramaba, y a su retumbar las altas torres del castillo de Camelot se derrumbaban en la tormenta como si estuvieran hechas de barro.

¡ESCUCHAD MIS PALABRAS, NECIOS ARROGANTES: BRITANNIA NO TIENE REY Y UNA TIERRA SIN REY ES UNA TIERRA MALDITA, IGUAL QUE ESTA ISLA Y SUS HABITANTES DESDE AHORA. AVALON SERA UNA ISLA CONDENADA Y BRITANNIA NO CONOCERA LA PAZ HASTA EL DIA EN QUE SEAIS CAPACES DE VER MAS ALLA DE VUESTROS PROPIOS DESEOS Y ELIJAIS UN AUTENTICO REY QUE MEREZCA BLANDIR A EXCALIBUR. ESTE LUGAR NO ESTARÁ LIBRE DE MI MALDICIÓN HASTA QUE TODOS LOS QUE PORTAN LOS ANILLOS DE LA TABLA REDONDA NO ELIJAN EN EL DIA DEL CUERVO UN REY PARA TODOS LOS BRITANOS.!

Asustados, los caballeros abandonaron la capilla. Todos menos Lamorak. El caballero se retorcía en el suelo presa de un desconocido e insoportable dolor. Ante la vista de los caballeros que escapaban, la armadura de Lamorak comenzó a cambiar y a retorcerse, tornándose de repente negra como lo era ahora el cielo de Avalon.

¡Y TÚ, LAMORAK, QUE TANTO AMASTE AL DIFUNTO REY, TE ASEGURARÁS DE QUE EL ELEGIDO POR TUS COMPAÑEROS DE ARMAS SEA EL ÚNICO QUE PORTE LA ESPADA QUE LE PERTENECIÓ A ARTURO. PERMANECERAS AQUÍ, GUARDANDO A EXCALIBUR, HASTA EL DÍA EN QUE LA TABLA REDONDA ELIJA UN NUEVO REY PARA BRITANNIA!

Y la voz de Merlin calló, y nadie desde entonces a vuelto a escucharla.

El resto de los caballeros escapó tan rápido como pudo, mientras la isla entera se tornaba ante sus ojos en un lugar de pesadilla. Los árboles se retorcían sobre sus raíces, la tierra parecía resquebrajarse bajo sus pies y la tormenta convertía poco a poco en ruinas el antes glorioso castillo de Camelot y las casas y granjas que lo rodeaban. De los bosques, surgieron horrendas criaturas que atacaron a los supervivientes del castillo que intentaban alcanzar un barco que les sacara de aquel lugar maldito y una densa y pestilente niebla comenzó a extenderse por todo el lugar, alcanzando la orilla misma del lago, cuyas aguas se habían tornado completamente negras.

Durante tres días, la maldición de Merlin arrasó la isla.

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