Historia de Britannia

Cap. 3: Los años oscuros

Tras la caída de la maldición de Merlin, la isla de Avalon y con ella el castillo de Camelot, capital del reino, habían quedado devastados, como un augurio más de la época de oscuridad que amenzaba a Britannia. Los caballeros que antes formaban la Tabla redonda, insignia del gobierno de Arturo, se hallaban desperdigados, huidos la mayoría a sus lugares de origen, donde trataban de mantener el orden en las tierras que les pertenecían. Muchos eran los pequeños señores que trataban de arrebatarles el poder de sus territorios ahora que no contaban con el respaldo del rey y de la tabla redonda, pues de todos era sabido que los caballeros se habían vuelto la espalda los unos a los otros, el norte contra el sur y la cruz contra el roble.

Sir Gaheris regresó a Leonis, en la parte central de Britannia, Bedivere a su señorío en Siluria y Geraint al suyo en Cornovia. Tristán volvió al sur, a sus tierras en Dumoria y Galahad a las suyas en Noruey. Gareth viajó hasta el sureste que le vio nacer, en Niagel. Sir Bors hizo lo mismo hacia Gwynedd junto con Sir Gawaine, de quien era pariente. Sir Kay volvió a sus tierras en Powys.

Tres fueron los caballeros que no regresaron a sus hogares: Perceval, que no deseaba abandonar la orilla del lago de Avalon sin tratar de encontrar un remedio a la maldición de Merlin. Lanzarote, pues su lugar de nacimiento estaba más allá de las costas de Britannia por lo que decidió permanecer junto a Perceval. Y, por supuesto, Sir Lamorak, que sería desde entonces conocido como el Caballero Guardián, pues Merlin había unido su destino al de Excalibur y a esta tendría que velar en su capilla hasta que un legítimo rey elegido por sus antiguos compañeros viniera a reclamarla.

Los dos caballeros, Perceval y Lanzarote, habían entregado sus almas al Dios de los cristianos y veían la maldición de Merlin como algo que solamente la fe podría sanar. Durante días parlamentaron en busca de una solución al problema del reino hasta que, de repente, un antiguo anhelo de todo caballero cristiano nació en sus mentes como una idea salvadora: partirían en busca de la única reliquia capaz de enmendar semejante mal y al mismo tiempo capaz de hacer que toda Britannia se uniera bajo la bandera del cristianismo, dejando de lado a sus dioses paganos y a sus druidas y cerrando la herida que empezaba a separar en dos bandos a los hijos de Britannia. "Sólo el cáliz de la última cena sanará al reino -dijeron casi al unísono- Sólo el grial nos devolverá Avalon".

Así los dos caballeros se separaron para buscar la sagrada reliquia por todos los confines del mundo, jurando reunirse de nuevo tres años después, la víspera del día del cuervo, en la capilla donde Excalibur descansa, acordando antes de separarse mandar mensajeros a sus compañeros de la tabla redonda para que todos ellos se reunieran en la fecha marcada.

Mientras tanto, la noticia de la muerte del rey voló rápida sobre las aguas hasta llegar a las frías tierras de Escandia, hogar de los feroces sajones que durante años atacaban insistentemente las costas de Britannia para ser siempre detenidos por las tropas de Arturo. Su enemigo estaba ahora muerto y las puertas del reino abiertas.

Al verano siguiente las cabezas de dragón que coronaban las embarcaciones sajonas se dejaban ver por las costas Britanas y una multitud de vociferantes sajones sedientos de sangre y botín se lanzaban al saqueo contra los desprotegidos pueblos que encontraban. Los mensajeros corrieron veloces de una región a otra llevando la noticia y los caballeros de la tabla redonda volvieron a unirse en una última y desesperada alianza para defender Britannia de sus enemigos comunes.

La guerra contra los invasores fue sangrienta, plagada de actos de valor y brutalidad, pero poco a poco los invasores sajones fueron empujados de nuevo hacia la costa y obligados a regresar a su tierra a bordo de sus drakar. Las consecuencias de la guerra fueron terribles para el reino, desgastado ya por las luchas internas que lo desmembraban poco a poco. Sir Kay y Sir Geraint habían sucumbido bajo los golpes de las hachas sajonas, dejando a Powys y a Cornovia, junto a sus anillos electores, en manos de sus herederos, Aldwyn y Abder, los cuales escondían un fuerte recelo contra los antiguos compañeros de armas de sus padres, pues carecían del rescoldo de amistad que años de lucha conjunta habían dejado en estos.

La victoria dejó en boca de todos un regusto amargo. Grandes regiones habían sido arrasadas y muchos habían sido esclavizados y cargados en los drakar sajones para servir en Escandia. A nadie se le escapaba que aquello era sólo la primera oleada de la marea de sajones que arribaría a la isla en el siguiente estío.

Así, al verano siguiente la historia se repitió. Cientos de drakar de afiladas proas llegaron a las costas vomitando ingentes cantidades de feroces guerreros. Pero esta vez ningún ejercito organizado les salió al paso. En el tiempo transcurrido desde la primera incursión, las disensiones y peleas entre los caballeros de la tabla habían ido a más, hasta el punto de que ninguno aceptó enviar a sus hombre a defender el territorio de sus vecinos, esperando salvar tan solo el suyo propio. El resultado fue nefasto. Al enfrentarse tan solo a pequeños ejércitos locales, los sajones no tuvieron problemas para devastar la mitad de Britannia, pudiendo incluso establecerse en varios campamentos cerca de la costa del este, donde se encontraban sus drakar, para pasar allí el invierno.

Un sentimiento de terror e impotencia se cernía sobre todos los Britannos. Era preciso elegir un rey, una mano firme que guiase a Britannia a la victoria y unificase de nuevo el maltrecho reino, haciendo desparecer para siempre la maldición del poderoso Merlin. El amanecer del día del cuervo se acercaba y todos recordaron la convocatoria de Perceval y Lanzarote. Junto con sus séquitos, los caballeros de la tabla redonda o aquellos que les sucedían, tomaron de nuevo el camino que presa del pánico recorrieron tiempo atrás, en el ultimo día del cuervo, cuando la muerte de un rey y la maldición de un viejo mago truncaron sus destinos. El camino a la maldita Avalon.

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