Historia de Britannia

Cap. 7: Los Caballeros de Cristo

El rey Lorilaar esperaba que fuera el embajador del rey de Francia o de alguna otra nación cristiana quien acudiera en respuesta a su llamada de auxilio. Pero en su lugar se encontraba en su sala de audiencias una imponente figura ataviada de blanco, cubierta con las armas y armadura de un guerrero, pero con la enseña de la cruz escarlata, propia de un religioso, grabada en su sobrevesta. El caballero, que venía acompañado de otros once hombres, ataviados todos de su misma guisa, narró el motivo se su viaje a Dumnonia:

Tras abandonar Britannia, Sir Perceval había viajado por toda Europa en busca del santo Grial, tal y como había convenido con Lanzarote. Durante años viajó sin descanso sin hallar rastro del cáliz, pero su búsqueda no pasó inadvertida a los ojos de otros caballeros que comenzaron a seguirle y acompañarle en su misión, pues la búsqueda del grial era un sueño para cualquier caballero cristiano y la fama de Perceval le precedía, pues era el ideal a seguir para cualquier caballero. Así, llegó el momento en que decenas de caballeros seguían a Perceval en su búsqueda y fueron muchos los países que recorrieron. Su número aumentó de tal modo, que Sir Perceval decidió que tal mesnada de caballeros merecía mejor destino que el de errar por los caminos, por lo que fundó la orden a la que llamó "Los caballeros de Cristo", encomendándoles la misión de buscar el santo grial y establecerse por todo el orbe extendiendo la cristiandad y combatiendo la herejía.

Desde entonces, los Caballeros de Cristo se habían multiplicado y establecido encomiendas en muchos países y la orden continuaba creciendo a pesar de la trágica muerte de Sir Perceval a manos de una horda de paganos polacos, hacía poco más de un año. Poco antes de expirar, Perceval había entregado el anillo elector que le pertenecía al que ahora era maestre de la orden y que se encontraba hablando con el rey Lorilaar, Sir Lothar de Fauner.

Cuando la noticia de la posible derrota de Dumnonia a manos de los paganos llegó a oídos de Sir Lothar, decidió reunir un nutrido grupo de caballeros con la intención de establecer en ese lugar una encomienda de la orden y ayudar en su protección.

El rey Lorilaar vio una oportunidad de oro de salvar su reino, por lo que cedió a la orden el territorio que se conocía como La Marca Sajona, justo al sur de Saex y escenario de los ataques más duros por parte de los sajones. A cambio, los caballeros acudirían en ayuda de Dumnonia cuando fuese necesario y protegerían la frontera que les separaba de los sajones. El acuerdo fue cerrado, y en el transcurso del año siguiente interminables navíos con una cruz escarlata en el centro de sus blancas velas arribaron en Britannia descargando a un ejercito de caballeros y sus máquinas de guerra. Organizados, sujetos a una férrea disciplina y con la moral henchida por la fuerza que les daba su fe, los Caballeros de Cristo no tardaron en dar un nuevo giro a la guerra, recuperando gran parte del territorio que los sajones habían conquistado y empujándolos de nuevo hacia el norte. Pero, a pesar de rendir vasallaje a Dumnonia, Sir Lothar no devolvió los territorios reconquistados, sino que los anexionó a aquellos que fueron cedidos a la orden, apelando al derecho que el anillo elector le confería.

De ese modo, la orden se hizo lo bastante fuerte como para mantener una frontera estable contra los sajones, de modo que ninguno de los dos bandos ganaba un metro de terreno sin que el otro tardase bien poco en recuperarlo. La guerra fue poco a poco estancándose y quedando centrada en la frontera entre la Marca Sajona y Saex, hasta el punto que Rewyd y Dumnonia decidieron establecer una tregua que les permitiera reconstruir sus maltrechos reinos, arruinados tras largos años de contienda.

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